Alias Gallón fue capturado por la Fiscalía, con apoyo del Gaula Militar y la NCA (Agencia Nacional del Crimen del Reino Unido), en Cúcuta (Norte de Santander).

Ante un juez de control de garantías de Cúcuta, la Fiscalía imputó cargos contra Juan Santiago Gallón Henao, alias Gallón, como presunto responsable del delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes agravado, por su supuesta participación en una organización señalada de enviar cocaína camuflada en comida para perro y otros productos veterinarios.

Al término de las audiencias concentradas, el juez impuso medida de aseguramiento privativa de la libertad, la cual el procesado deberá cumplir en centro carcelario.

Las investigaciones de la Fiscalía evidenciaron que alias Gallón sería uno de los principales inversionistas de la estructura narcotraficante que dirigía Andrew Mark Deamer, un ciudadano británico conocido como El Mono o Marcos, quien fue capturado el 1 de noviembre de 2017, en una lujosa finca de Rionegro (Antioquia).

En esa oportunidad, otras 19 personas fueron capturadas en operaciones simultáneas desarrolladas en Bogotá, Medellín, Barranquilla, Santa Marta y Villavicencio.

Diversas técnicas de policía judicial realizadas por la Delegada contra la Criminalidad Organizada de la Fiscalía evidenciaron que los dineros aportados por Juan Santiago Gallón, habrían sido destinados para sostener el engranaje narcotraficante y el perfeccionamiento de una nueva modalidad de camuflaje de estupefacientes, en la que mediante un proceso químico lograban que la cocaína tuviera la forma, textura y olor de productos como concentrado para perros, alimento para gatos, arena y fertilizantes.

Seis incautaciones realizadas en los últimos tres años en diferentes zonas del país, que sumaron algo más de cinco toneladas de cocaína, pusieron al descubierto este plan criminal, que tenía como propósito poner cocaína en Estados Unidos y Europa.

La nueva modalidad criminal

Los indicios recopilados por la Fiscalía General de la Nación permitieron establecer que la organización narcotraficante instalaba laboratorios en zona rural, muchos de ellos en fincas de algunos municipios de Antioquia. Hasta allí llegaba un grupo encargado de la adaptación de maquinaria artesanal, transporte de insumos y elementos necesarios para el procesamiento.

Posteriormente, el equipo químico ingresaba al área, ponía en marcha la transformación de la cocaína en productos veterinarios y agropecuarios, y en dos días salía del lugar. En las incautaciones y controles técnicos realizados se detectó la elaboraron de concentrado para perros, arena sanitaria para gatos, fertilizantes, polvo palmito y cocaína líquida; y la utilización de múltiples sustancias controladas, esencias y colorantes para lograr que el estupefaciente tuviera similitud en forma, olor, textura y apariencia a los productos lícitos.

Luego de la transformación, movían el estupefaciente hasta Barranquilla y, a través de la empresa exportadora del cabecilla de la estructura, presuntamente ponían los cargamentos en países de Europa. Cuando la cocaína era recibida, diversos integrantes  de  la  organización,  en específico los químicos, debían viajar a dichos destinos para revertir el proceso y así extraer el estupefaciente para su comercialización.

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